El sistema alemán, con su tradición de grandes coaliciones, ha llegado a su límite. Cuando las dos principales fuerzas políticas gobiernan juntas durante años los electores tienen la sensación de que deja de haber un espacio para rebatir las decisiones tomadas por esas grandes coaliciones. Los electores, en una situación excepcional, viran hacia los extremos.
Nos encontramos ante una buena oportunidad para empezar un debate público sobre AfD. En lugar de enfadarnos por las pequeñas exigencias absurdas del partido, deberíamos preguntarnos cómo es posible que se haya creado este partido y por qué ha ganado tanto apoyo.