La OTAN se moviliza tras el último descubrimiento de la inteligencia ucraniana sobre Rusia y Corea del Norte
EEUU y Corea del Sur lanzan maniobras contra túneles de guerra norcoreanos mientras la Alianza Atlántica adapta su doctrina militar a lo aprendido en el frente.

Rusia ha recibido en las últimas semanas un nuevo contingente de 3.000 soldados norcoreanos en la región de Kursk. Aun así, el refuerzo se queda corto: según los últimos informes ucranianos, más de 4.000 efectivos del primer envío de Pyongyang —que sumaba 12.000— han muerto en combate. Las bajas han provocado una reacción inmediata de Estados Unidos, que se ha volcado aún más con Ucrania para desbaratar las tácticas norcoreanas.
Pero Corea del Norte no solo ha mandado soldados: también ha aumentado el suministro de material bélico para tapar los agujeros que la industria militar rusa no consigue cubrir. La artillería Koksan, fabricada en territorio norcoreano, ha empezado a verse por todas partes. Las fuerzas ucranianas localizaron varias unidades en Kursk y las volaron por los aires con munición de racimo lanzada desde sistemas HIMARS. Otra pieza cayó en Donetsk tras un ataque con granadas lanzadas desde dron. Días después, los ucranianos detectaron ese mismo modelo de artillería atravesando Crimea, lo que deja claro que el Ejército ruso depende ya de este tipo de equipo en todo el frente.
Según informa Euromaidan, la cosa no queda ahí. El secretario del Consejo de Seguridad ruso, el exministro de Defensa Sergei Shoigu, ha viajado a Pyongyang por segunda vez en seis meses. El régimen de Kim Jong-un busca experiencia de combate a toda costa, con la intención de poner a punto su doctrina militar y subir el listón frente a Corea del Sur. El problema es que ese aprendizaje en terreno ucraniano le está saliendo caro.
Para hacer frente al nuevo escenario, Estados Unidos ha apretado filas con Corea del Sur y ha empezado a pulir su estrategia militar. El foco está en los túneles de guerra, un recurso defensivo clave del Ejército norcoreano que ahora también emplean las tropas rusas en Ucrania. Las maniobras conjuntas incluyen reconocimiento con drones, asaltos a bocas subterráneas y limpieza de enemigos dentro. Washington y Seúl quieren romper el sistema desde dentro, convencidos de que si le quitan a Pyongyang su principal baza defensiva, el impacto será demoledor.
Mientras tanto, la OTAN no se queda de brazos cruzados. La Alianza Atlántica ha puesto en marcha en la ciudad polaca de Bydgoszcz un centro de formación, análisis y entrenamiento conjunto con personal ucraniano. Allí se estudia a fondo la experiencia de combate real en Ucrania para sacar conclusiones prácticas y afinar la defensa aliada frente a futuras amenazas rusas y norcoreanas.
Esta nueva etapa de aprendizaje compartido deja en evidencia el desgaste que arrastra Moscú. Aunque ha pisado el acelerador en la producción armamentística, no da abasto y necesita cada vez más apoyos externos. Por su parte, Pyongyang se juega mucho: cuanto más se acerca a Moscú, más atención le prestan sus enemigos. Y con ellos cada vez más centrados en desmontar sus estrategias, los norcoreanos tendrán que pensarse dos veces si les compensa seguir por ese camino.
