2-A, "Día de la Liberación": todo lo que Trump tiene preparado para el mundo en materia de aranceles
El presidente de EEUU tiene previsto anunciar una serie de tasas que, defiende, liberarán a su país de la dependencia de los productos extranjeros. Nadie sabe aún el calado de su envite ni sus consecuencias. Lo que se augura es inflación y caos.

Que estamos en una nueva era mundial es algo que salta a la vista hasta en Google. Buscar "Día de la Liberación" hasta hace un par de semanas suponía dar con referencias de los días gloriosos en que países como Bélgica, Países Bajos o Francia acabaron con la feroz presencia nazi en sus territorios. Ahora no, ya no sólo.
Una teclea en el buscador y, en paralelo, surge una referencia nueva: el otro "Día de la Liberación" es el 2 de abril de 2025, fecha en la que Estados Unidos anunciará una serie de aranceles para cumplir con la "ambiciosa agenda económica" de su presidente, Donald Trump. Que nadie sepa bien en qué van a consistir, a apenas unas horas de los anuncios concretos y tras varios bandazos del republicano, y que los analistas auguren más bien un "Día de la Demolición" no ayuda a ser optimista. Pesan las dudas y las preguntas en estas horas previas, la ansiedad por el tono agresivo del mandatario y las lagunas de contenido, las posibilidades más retrasos o de más confusión, cuando tratamos de las cosas de comer.
Trump recuperó la Casa Blanca en noviembre pasado con la promesa de transformar la economía patria. Millones de estadounidenses, que peleaban con precios más altos por la inflación, eligieron a un presidente que se comprometió a revitalizar los centros industriales de su país y a dejar que el resto del mundo pagara las facturas. Frente a un Joe Biden al que hacían culpable de sus problemas hasta con la cesta de la compra básica o la gasolina, un mesías que prometía acabar con el sistema conocido.
Este miércoles es el día en que Trump ha prometido que va a apretar el gatillo e imponer una histórica andanada de aranceles a los productos extranjeros que, según él, financiarán una recuperación extraordinaria. "Arancel es la palabra más bonita del diccionario", repite incansable. "Durante DÉCADAS, todas las naciones del mundo, tanto amigas como enemigas, nos han estafado y maltratado. Ahora, por fin, es hora de que los buenos y viejos Estados Unidos RECUPEREN parte de ese DINERO y RESPETO", ha escrito sobre sus planes en Truth, su red social (las mayúsculas son suyas).
Diez semanas después de llegar al poder, ha anunciado que aumentará los aranceles a todos los productos de los países que cobran aranceles a las exportaciones estadounidenses (los llamados aranceles recíprocos); bloqueará los productos de Canadá y México con amplias tasas nuevas; introducirá fuertes aranceles también a los automóviles, los microchips de ordenadores y medicamentos extranjeros, y aplicará más aún a los países que importan petróleo de Venezuela sobre sus exportaciones a EEUU.
Eso es lo esperado pero, en realidad, habrá que atenerse a lo que diga el magnate en una rueda de prensa en la Rosaleda de la Casa Blanca, primera desde su llegada al cargo, porque las semanas de anuncios, cambios, retrocesos y anulaciones parciales que llevamos a cuestas hacen ya dudar de todo. Karoline Leavitt, su secretaria de prensa, anunció el lunes que Trump estará rodeado de todo su gabinete para exponer su plan de "revertir las prácticas desleales que han perjudicado" al país y que lo hace "por el bien del trabajador estadounidense". "Es hora de la reciprocidad, de un cambio histórico, de hacer lo correcto", enfatizó.
El propio Trump, ya esta madrugada, se hizo el juguetón de nuevo ante unos periodistas ansiosos de sacarle un titular concreto sobre los aranceles. "Los números serán más bajos que los que nos han estado cobrando y, en algunos casos, quizá sustancialmente más bajos. En cierto modo, quizás, tenemos una obligación con el mundo, así que seremos muy amables, relativamente hablando, seremos muy generosos", dijo. "Benévolas" fue la otra palabra con la que definió las tasas por llegar, tratando de escapar de referencias como "guerra comercial", que es la que todos tenemos en mente. Añadan tono de perdonavidas y tendrán el cuadro completo.

La filosofía
Trump ha argumentado que los aranceles protegen a las industrias estadounidenses de la competencia extranjera desleal, recaudan fondos para el Gobierno federal y brindan influencia para exigir concesiones a otros países. Su plan es hacer frente al déficit comercial de EEUU, que está en los 1,2 billones de dólares. Sin embargo, los economistas de toda tendencia, fuera y dentro del país, enfatizan que la aplicación de aranceles amplios a las tasas sugeridas por Trump podría ser contraproducente.
Los aranceles suelen repercutir en el consumidor a través del aumento de precios y las empresas de todo el mundo también tienen mucho que perder si sus costos suben y sus ventas caen. Los impuestos a la importación ya vigentes, sumados a la incertidumbre sobre futuras medidas comerciales y posibles represalias, ya han sacudido los mercados financieros y reducido la confianza del consumidor, a la vez que han generado dudas que podrían retrasar la contratación y la inversión.
Porque no es una subida más, como la que el propio Trump ordenó ya en su primer mandato, entre 2017 y 2021, sino el mayor aumento de impuestos conocido desde la Segunda Guerra Mundial. Es referencia obligada estos días la de los Acuerdos de Bretton Woods (1944), que establecieron las políticas económicas mundiales que estuvieron vigentes hasta principios de la década de 1970 y cuyos rescoldos aún queman.
"De aquel marco que permitió la creación del Banco Mundial o del Fondo Monetario Internacional surgió la certeza de que la cooperación y el multilateralismo eran buenos también para los negocios. Trump dinamita ese espíritu, entre otras cosas, con esta escalada proteccionista desconocida y con la que choca hasta con quienes tradicionalmente han sido aliados comerciales, de Europa a Canadá", explica el economista Martín Recio.
Trump plantea un modelo que, además de "rupturista", de "buscar cambios por la fuerza y el chantaje", tiene "pies de barro", añade el sevillano. Por un lado, "espera recaudar más de 600.000 millones de dólares anuales" por lo que va a cobrar de estos nuevos impuestos y, a la vez, quiere que "se impulse la producción nacional y no haya subida de precios, sino hasta bajadas". "No es muy realista: para que los aranceles incentiven la sustitución de importaciones en EEUU, los precios tienen que subir, al menos temporalmente hasta que se produzca el ajuste. Además, si la producción nacional se dispara porque todo o casi todo se hace en casa, es Made in USA, y decaen notablemente las importaciones, entonces no habrá grandes cantidades a recaudar con estos aranceles", insiste.
"Trump lo vende como una salida inmediata a un problema de precios, que fue su gran baza electoral", pero hablamos de "una transición larga y dolorosa que puede cambiar el sistema nacional y el internacional, pero dudo que se consolide apenas en sus cuatro años de mandato, y hay que ver los cadáveres que deja por el camino", expone. Y cita un informe de Tax Foundation que estima que se podría reducir el producto interno bruto (PIB) estadounidense en aproximadamente un 0,7 % por estas medidas y que le podrían costar el trabajo a unos 500.000 empleos ciudadanos de EEUU. "El primer impacto no es para los de fuera, sino para los de dentro", avisa Recio.
La última encuesta de economistas de Bloomberg, publicada el viernes, rebaja un punto la proyección de crecimiento de EEUU del primer trimestre, desde el 2,2% hasta solo el 1,2%. Para el conjunto de 2025, la previsión media baja del 2,3% al 2%. Y el índice de sentimiento del consumidor de la Universidad de Míchigan se ha desplomado hasta su mínimo desde noviembre de 2022: hace un año se situaba en los 79,4 puntos; hace un mes en los 64,7 y en marzo bajó hasta los 57 puntos, informa El País. Los analistas de Wall Street de Goldman Sachs y JPMorgan han afirmado que las probabilidades de una recesión en la primera economía mundial están en aumento: ahora ven un 35% de posibilidades de una recesión en los próximos 12 meses, frente al 20% de su encuesta anterior.
Trump lo sabe, pero lo maquilla, por ahora, como buen vendedor y showman que es. En enero decía que los aranceles "no causarían" inflación; en febrero, que los precios podrían subir "un poco" a corto plazo, y en marzo, que puede haber "una pequeña pertubación" en los mercados. Va in crescendo, pero muy lentamente.

¿Qué pasará este 2 de abril?
Incertidumbre es la palabra que, a esta hora, mejor acompaña a los planes de Trump. Los aranceles recíprocos podrían adoptar la forma de aranceles producto por producto, por ejemplo, o de "promedios" más amplios, impuestos a todos los bienes de cada país, o quizás algo completamente distinto. Hablamos de Donald John Trump y cualquier cosa es posible. Las nuevas tasas podrían reflejar lo que cobran otros países, así como sus impuestos al valor agregado y subsidios a las empresas nacionales.
El Wall Street Journal cree que podrían imponerse, de arranque, únicamente a unos cuantos países, por más que el domingo, volando en el Air Force One, el republicano asegurase que todas las naciones estaban bajo su lupa, aunque dejó la puerta abierta a la posibilidad de imponer de inicio aranceles para, luego, ir rebajando o ajustando estado a estado.
El asesor comercial de la Casa Blanca, Peter Navarro, dijo a Fox el domingo pasado que estos aranceles podrían recaudar esos 600.000 millones de dólares anuales que citaba Recio, lo que implicaría una tasa promedio del 20%.
Trump ha hablado de gravar a la Unión Europea (UE), Corea del Sur, Brasil e India, entre otros países, mediante estos gravámenes. El lunes, Leavitt afirmó que sus asesores le habían presentado "varias propuestas", sin ir más lejos. "El presidente tiene un brillante equipo de asesores", despejó cuando se le preguntó repetidamente por las turbulencias que pueden generar las medidas. Añadió que Trump tomaría una decisión final, pero que por el momento no contemplaba exenciones arancelarias a nivel nacional.
Se repite en medios afines que se va a ir, sobre todo, por los llamados "15 Sucios" (Dirty 15), señalados así por en la cadena Fox por el secretario del Tesoro, Scott Bessent, el pasado 18 de marzo. Se refería al 15% de naciones que representan la mayor parte del volumen comercial de EEUU y que imponen elevados aranceles y otras "barreras no arancelarias" a los productos estadounidenses. Bessent no mencionó de qué países se trata ni cuáles son esas otras "barreras". Kevin Hassett, director del Consejo Económico Nacional de Trump, dijo en una entrevista posterior en la misma cadena que el Gobierno está analizando entre 10 y 15 países que representan "todo el déficit comercial" de EEUU. Hassett tampoco señaló a nadie.
Los datos del Departamento de Comercio citados por la CNBC muestran que, en 2024, EEUU tuvo el mayor déficit comercial de bienes con China, seguido de la Unión Europea, México, Vietnam, Irlanda, Alemania, Taiwán, Japón, Corea del Sur, Canadá, India, Tailandia, Italia, Suiza, Malasia, Indonesia, Francia, Austria y Suecia.
Los impuestos a las importaciones, previamente postergados, podrían entrar en vigor muy pronto. La prórroga de un mes impuesta por Trump para muchos productos procedentes de Canadá y México, por ejemplo, expirará a principios de abril. A principios de este mes, Trump escribió en su plataforma de redes sociales Truth Social que la prórroga otorgada a las importaciones mexicanas amparadas por el Tratado entre Estados Unidos, México y Canadá vence el 2 de abril. Sin embargo, desde entonces no se ha confirmado una fecha específica.

¿Qué sí y qué no?
Con todas las salvedades de este baile de miedos y contradicciones -que nade sabe cuánto tiene de juego amenazante y cuánto de amenaza real-, para este miércoles o "Demolition Day" (Día de la Demolición, como lo denomina la prensa más crítica con el republicano) deberían esperarse algunos pasos concretos.
Por ejemplo, Trump ha dicho que impondrá un arancel del 25% a todas las importaciones de cualquier país que compre petróleo o gas de Venezuela, lo que incluye al propio EEUU, además de imponer nuevos aranceles al país sudamericano. Y dio la fecha del 2 de abril, en concreto.
También sus aranceles del 25% sobre las importaciones de automóviles comenzarán a aplicarse el jueves, al igual que los impuestos sobre los vehículos totalmente importados, que entrarán en vigor a la medianoche. "Compramos millones y millones de sus autos, de BMW, de Volkswagen, de Mercedes-Benz y ellos tienen aranceles no monetarios que hacen que sea casi imposible que podamos vender un coche en Europa", declaró. "La Unión Europea nos trata de forma horrible en comercio", insistió en su anuncio. Se incluyen en sus medidas coches, monovolúmenes, crossovers, minivans, furgonetas de carga y sus componentes respectivos, de motores a transmisiones, pasando por piezas o componentes eléctricos.
Los aranceles no solo afectarán a las importaciones a EEUU, una penalización que probablemente pagarán los consumidores estadounidenses, sino que las medidas sobre las piezas de automóviles también perjudicarán a los fabricantes que producen automóviles en EEUU para los mercados de exportación, señala la Asociación Europea de Fabricantes de Automóviles (ACEA). España y Alemania serán dos de los países sensiblemente tocados por esta medida.
La Casa Blanca dice que espera recaudar 100.000 millones de dólares en ingresos anuales gracias a estos nuevos aranceles, pero los economistas subrayan que esta acción comercial trastocará la cadena de suministro global de la industria automotriz y conducirá a precios más altos para los consumidores.
Los medios estadounidenses dicen que es posible, no seguro, que también se dé luz verde a dos aranceles clave para España: los del aceite de oliva y el vino. En el caso del oro líquido, según datos de la Asociación de Exportadores de Aceite de Oliva (Asoliva), en 2023 se exportaron a EEUU casi 100.000 toneladas de aceite de oliva español por 640 millones de euros, un 32 % más en valor que en 2021. El director adjunto de Asoliva, Rafael Pico, explica a EFE que, "al ser un arancel que, en principio, se va a imponer a los aceites de todo origen, al final el que va a pagar el arancel, o esa mayor subida de precio va a ser el consumidor americano".
Estos aranceles podrían afectar a la competitividad de los aceites, puesto que en Estados Unidos también se producen aceites de canola y aguacate, haciendo que los americanos se decante por estos: "Como haya un mayor diferencial de precios entre estas diferentes grasas, el aceite de oliva pierde competitividad".
En el caso del vino, EEUU también es uno de los principales destinos de exportación españoles. En ese caso, la amenaza de una subida de los aranceles de un 200%, después de un enfado monumental de Trump en el que disparó todas las previsiones.
Según datos del Informe de Importaciones de vino en Estados Unidos, elaborado por la Interprofesional del Vino de España durante 2024 y difundido el pasado 10 de febrero, España es el cuarto país proveedor en valor de vino al país de Trump, con 391,4 millones de dólares en ventas en el pasado año. Si nos fijamos en el volumen, cae hasta la séptima posición, con 67,3 millones de litros exportados. Si se compara con el año anterior, la cifra representa 4,5 millones más de litros de vino, y un gasto adicional de 27 millones de dólares.

También es factible que este 2 de abril se impongan nuevas tasas a productos farmacéuticos, de hasta el 25% también. EEUU compró más de 176.000 millones de dólares en medicamentos y bienes relacionados en 2023, según datos del sector, lo que lo convierte en el mayor importador de productos farmacéuticos del planeta, y eso hay que resolverlo para casos de pandemias y hasta guerras, cita Trump. Las empresas europeas, chinas e indias podrían ser las más afectadas, aunque estas últimas negocian para quedarse fuera.
Es algo que a Trump le encanta, el divide y vencerás, y sabe que con sus amenazas de aranceles se activa un proceso de conversaciones bilaterales con el que puede sacar beneficio en la parcela que más le interese. Ahí está la cesión de Canadá y México de que van a vigilar mejor las fronteras comunes con EEUU, que les hizo ganarse una prórroga.
Más confuso aún es si en este primer bloque de aranceles se va a incluir el anunciado del 25% para chips semiconductores. Aunque las empresas estadounidenses, como Nvidia, fabricante de chips de inteligencia artificial, dominan la industria de los semiconductores, la fabricación de chips se ha externalizado a Asia durante mucho tiempo por razones técnicas y de costes en las últimas décadas. Valga un botón: Taiwan Semiconductor Manufacturing Company (TSMC), fue pionera en el modelo de fabricación de chips por contrato, fabricando chips para otros sin llevar su nombre, y se ha convertido en el mayor productor de chips por contrato del mundo. Trump ha acusado repetidamente a Taiwán de "robar" la industria estadounidense de chips. Hay que recordar que Biden aprobó una ambiciosa legislación al respecto, que en las elecciones pasó sin pena ni gloria.
Medios como Bloomberg o el Financial Times indican que es posible que los chips queden pendientes para más adelante. Las tasas al cobre y la madera podrían anunciarse para noviembre. Está por ver si Trump, además de medidas concretas ya sin farol, aporta este miércoles un calendario claro de aplicación.
Lo que ya ha entrado en vigor
Aunque han sido menos duros de lo cacareado, lo cierto es que Trump ha impuesto ya algún que otro arancel antes de este día D. Por ejemplo, ya hay un arancel del 10% a todas las importaciones chinas desde el 4 de febrero, impuesto que posteriormente duplicó al 20%, a partir del 4 de marzo. Pekín ha respondido con aranceles de represalia que abarcan productos estadounidenses variados, incluyendo un arancel del 15% al carbón y al gas natural licuado (GNL) y un arancel del 10% al petróleo crudo, que entró en vigor el 10 de febrero. El gigante asiático también impuso aranceles de hasta el 15% a importantes exportaciones agrícolas estadounidenses, desde el 10 de marzo .
Las tasas ampliadas de Trump al acero y al aluminio también entraron en vigor ya. Ambos metales están ahora gravados con un 25 % de impuestos generales. La orden del mandatario de eliminar las exenciones al acero y aumentar el impuesto al aluminio de sus impuestos de importación de 2018 lleva recaudando dólares extra desde el 12 de marzo .
Canadá y México, los dos principales socios comerciales del país, también se han enfrentado a fuertes aranceles. Inicialmente, Trump implementó una prórroga parcial de un mes de sus aranceles del 25% para ambos países, postergando hasta principios de abril los impuestos a las importaciones de automóviles, así como a los bienes que cumplen con el Acuerdo entre Estados Unidos, México y Canadá de 2020. Ahora hay que ver si viene la hora definitiva de imponerlos.
De momento, se siguen gravando otras importaciones, así como un arancel reducido del 10% sobre la potasa y los productos energéticos canadienses. En respuesta a estos aranceles, así como a los nuevos impuestos a la importación de acero y aluminio, Canadá ha implementado otra serie de contramedidas que ascienden a miles de millones de dólares sobre los productos estadounidenses. México, por su parte, aún no ha impuesto formalmente nuevos gravámenes, lo que indica que aún podría esperar reducir la escalada de la guerra comercial, aunque el país prometió previamente tomar represalias contra las acciones de Trump.
¿Pueden llegar más?
Es probable que Trump imponga aún más aranceles, sin duda. El presidente ha amenazado con ello reiteradamente y afirma que tiene a un equipo pensando en otras vías para ganar autonomía. Ahí entran el cobre, la madera, los chips...
Trump ha dicho que no negociará con otros países sobre los aranceles del miércoles hasta después de su imposición, aunque ha afirmado que sus impuestos del 25% a las importaciones de automóviles serían permanentes Eso hace complicado afirmar ya, a 2 de abril, cómo va a quedar el mapa de los castigos por ahora.
En respuesta a los aranceles de Trump al acero y al aluminio, la Unión Europea anunció medidas sobre productos estadounidenses por un valor aproximado de 26.000 millones de euros, dirigidas a productos de acero y aluminio, pero también a la carne de res, las aves de corral, el bourbon, las motocicletas, la mantequilla de cacahuete y los vaqueros estadounidenses. El bloque de 27 miembros tenía previsto implementar esta medida comercial de represalia en dos fases, el martes y el 13 de abril, pero posteriormente anunció que la retrasaría hasta mediados de abril, sin especificar una fecha. Sigue esperando el primer paso de Trump.
Este martes, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, dijo que la Unión tiene "el poder para contraatacar" los aranceles globales, contra los que Bruselas tiene "un plan sólido" para defenderse.
La presidenta del Ejecutivo comunitario insistió en que el principal objetivo de la UE es "encontrar una solución negociada" pero, al mismo tiempo, en un discurso en el Parlamento Europeo, aseguró que tiene "un plan sólido" con "contramedidas firmes" para responder a los aranceles recíprocos de Washington. "Si es necesario, protegeremos nuestros intereses, a nuestra gente, a nuestras empresas. Quiero ser muy clara con el objetivo de nuestra respuesta", señaló.
Así que es posible que veamos más anuncios de represalias esta misma semana, particularmente si Trump confirma más detalles de amplios aranceles recíprocos el miércoles. Un mundo ideal.