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Miguel Sánchez, el profesor que da vida a Pablo Lolaso y busca cambiar el día a día de los recreos escolares

Miguel Sánchez, el profesor que da vida a Pablo Lolaso y busca cambiar el día a día de los recreos escolares

Este docente de Educación Física y colaborador de 'Colgados del aro' ha publicado su tercer libro, Enzo Brown: loco por el basket

Miguel Sánchez presenta 'Enzo Brown I: loco por el basket'.Imagen cedida por miguel sánchez

"Bueno, estamos en la final de la ACB. Esto empieza a ponerse serio, tengo que aprenderme los nombres de mis jugadores ya". Este fue el primer tuit que escribió un 2 de junio de 2012 Miguel Sánchez, un profesor de Primaria de Educación Física que desde ese momento iba a dar vida a Pablo Lolaso, la parodia del entrenador de baloncesto Pablo Laso y uno de los personajes de Twitter más famosos de la red. 

Todos los usuarios de X, en un momento u otro, han visto a lo largo de estos años mensajes como un poblado africano recibirá las camisetas de campeón del equipo perdedor, bromas con los no descensos del Estudiantes o "enhorabuena a Ante Tomic/Nikola Mirotic, que se fue al Barcelona porque quería ganar títulos", la que probablemente sea su Capilla Sixtina. 

Sin embargo, de ese primer tuit, con el que obtuvo unas pocas decenas de compartidos, ha llovido. Y lo ha hecho mucho. En estos 13 años, Sánchez (o Lolaso, según se mire) ha hecho gala siempre de su madridismo, ha llegado a sumar los más de 167.000 seguidores que tiene en la actualidad, ha evolucionado a nivel personal, ha protagonizado todo tipo de polémicas, ha sido querido y odiado según el equipo del que se es aficionado y hasta se ha convertido en analista de baloncesto y conductor del programa Colgados del Aro, junto a Juanma Iturriaga y Toñín Llorente.

Además y aunque él reconozca que de Lolaso queda poco, hasta menciona en su biografía de X que ya no hace gracia y que se ha cargado el personaje, este pseudónimo le ha permitido escribir y firmar tres libros, el último Enzo Brown I: loco por el basket (Penguin). En él y gracias al deporte de la canasta, narra la historia de Enzo, un niño que llega nuevo a un colegio y que no puede jugar a baloncesto en el patio porque las pistas están invadidas por los que juegan al fútbol.

Su historia, destinada casi para cualquier persona mayor de 9 años, refleja muy bien el panorama que se vive en muchos centros donde el deporte rey monopoliza todo. "No es un libro solo de baloncesto. El baloncesto es la excusa para contar una historia en la que hay valores, pertenencia a un equipo, reparto de roles, compañerismo o integración porque se juntan un grupo de chavales que están un poco inadaptados para entre todos buscar una solución a un problema común que tienen en ese sentido", explica Sánchez.

El docente, que lleva 15 años impartiendo clase en colegios de la Comunidad de Madrid, añade que "cualquier niño o adolescente, le guste el baloncesto o no, y que se haya sentido invadido en los recreos o que crea que no se está pudiendo expresar libremente se va a sentir identificado". "Le puede gustar bailar, jugar al tenis de mesa, al ajedrez, a la peonza o al baloncesto", ejemplifica.

El libro también tiene otra doble mirada: que los que monopolizan las pistas vean que no son los únicos en querer jugar a algo. "Pueden sacar la lectura de que a lo mejor pueden jugar de otra manera sin ser tan invasivos y respetar los espacios para los demás", indica su autor, que elogia las ilustraciones realizadas por David Garrido con las que se acompaña la vida de Enzo.

Además, la historia no solo la protagoniza el pequeño Enzo Brown Almansa, un niño negro de 12 años, que es un claro guiño a Lorenzo Brown, el jugador nacionalizado en 2022 por España y que acabó siendo clave para la consecución del Eurobasket 2022 y del que se bromeaba con que era de Albacete. También acaban siendo claves otros personajes como Teresa, Eva o Yen, un chino de Fuenlabrada. Al final, resume la sociedad actual y como la presencia femenina en el mundo del deporte es cada vez mayor, igual que la multiculturalidad que se ve en los colegios e institutos.

"Responde al contexto sociocultural actual. En un futuro yo me imagino que estará mucho más patente la mezcla de razas y la procedencia de los niños será con la madre de un país y el padre de otro", afirma Sánchez, que también tira de su experiencia profesional para destacar que "cada vez hay más chicas que juegan a un deporte en el colegio" y que las que lo han practicado tradicionalmente siempre ha sido "unas supercracks". "Para que sean admitidas y aceptadas o para que ellas se sientan seguras tienen que ser muy buenas", justifica. 

Este mezcla de géneros y razas en un mismo equipo sirve asimismo para subrayar que "en los colegios en general no hay ni racismo, ni homofobia ni machismo". "Cuanto más abajo vas, menos hay. Los niños de 3 ó 5 años no reparan en la raza de los demás. Son niños y les da igual todo porque ni siquiera lo entienden ni lo procesan. Esto cambia cuando se van haciendo mayores y son los adultos los que les influyen con ideas malas como si el origen tuviera algo que ver con el comportamiento de las personas", afirma Sánchez, que aclara que él trabaja en colegios donde los alumnos tienen como mucho 12 años.

"No quiero prohibir el fútbol, solo reflejo lo que pasa"

Desde que presentara el libro en un acto en el madrileño Corte Inglés de Callao le ha llegado alguna crítica achacándole que con su libro busca prohibir el fútbol. Nada más lejos de la realidad, así se encarga él de dejarlo claro en todo momento. "Hay gente que se ha sentido ofendido como si yo quisiera prohibirlo y no, solo reflejo lo que pasa", sentencia.

"El fútbol como deporte no tiene la culpa de nada, solo que se trasladan a los patios actitudes heredadas o copiadas de lo que ven en la televisión y traen elementos negativos que son intoxicadores para el mundo escolar", asevera Sánchez, que concreta que tiene un componente excluyente en el sentido de que si una persona no juega bien se va apartando, restando importancia hasta el punto de provocar que no lo practique y quede fuera de la actividad.

Juanma Iturriaga, Pablo Lolaso, Faustino Sáez y Toñín Llorente en la presentación de 'Enzo Brown: loco por el basket'.Imagen cedida por miguel sánchez

Del mismo modo, también valora el factor inclusivo e integrador que lleva implícito. "Cualquier persona de cualquier condición, raza o género llega a un centro como nuevo y se le da bien el fútbol y se integra muy fácilmente. También tiene elementos muy comunes. A Messi o Cristiano se le conoce en todo el planeta y si te pones a hablar con un grupo de ellos, ven que sabes y eres más o menos bueno estás dentro", relata Sánchez, que asimismo elogia la facilidad para practicarlo y el hecho de que se pueda jugar en cualquier sitio hasta llegando a colocar dos mochilas como portería. 

"En el baloncesto somos más sibaritas, sobre todo cuando te haces mayor", comenta entre risas, ironizando con que la canasta tiene que estar bien o los equipos tiene que ser del mismo número de jugadores. 

Miguel Sánchez y Pablo Lolaso, dos vidas y un destino

Hay que remontarse a ese junio de 2012 para ver ese primer tuit. En esa época Sánchez vivía en casa de sus padres, el Madrid de baloncesto acababa de firmar al entrenador vitoriano para iniciar un nuevo proyecto y las parodias estaban a la orden del día en la red. Sánchez, desde su casa, combinó todo y de ahí salió la figura de Lolaso y una foto de perfil de Laso riéndose en blanco y negro sin la que ya no se entiende su cuenta. 

"A mí no me hizo ilusión su llegada y poco a poco nos fuimos enganchando a su manera de jugar, pero tenía una forma de ser, de jugar, de hablar, de gritar que me parecían que eran parodiables. Todos los famosos tenía una, así que me aventuré. Puse ese primer tuit, triunfó lo peor que se puede hacer conmigo es seguirme las gracias, así que tuve que seguir", recuerda. Y así hasta la actualidad.

Pero fue tres años más tarde cuando el Pablo Laso real conoció al Pablo Lolaso digital: "Fue en una gala de Gigantes en 2015 y nos presentó Curro Segura. Le dije 'hola Pablo, soy Pablo' y él no entendía nada, así que ya le dije que era Lolaso y se descojonó. Me presentó a su mujer y fue muy divertido". 

Aunque no lo parezca, Sánchez se describe como una persona "vergonzosa", pero que con el pretexto del humor le ha permitido lidiar en este tipo de situaciones. "Algo pasa dentro de mí que se me ocurren tonterías y salgo del paso. Hasta ahora me ha ido bien", se ríe. 

También presume de que a pesar de la fama ha tenido claro quién era él en redes y quién la vida real: "Siempre tuve los dos personajes bastante separados. Cuando me dicen si se me ha comido el personaje en el sentido de que por intentar hacer gracia me paso de rosca, puede ser que haya pasado en algún momento, pero creo que en líneas generales he sabido diferenciar ambos personajes". 

De hecho, hace ya años que se quitó la careta y dio la cara, ya que antes aparecía en Colgados del Aro pero sin enseñar su rostro. No tuvo miedo de que pudiera recibir alguna agresión porque siempre ha hecho los mismos comentarios y solo ha sido el paso del tiempo el que le ha hecho cambiar. 

"No puedo hacer lo mismo que hice entre 2012 y 2015. Si ha habido cambios ha sido porque ha pasado mucho tiempo y no por mostrar la cara. Es que empecé con 26 años y voy a tener 40. Me he casado, he tenido dos hijos, me he independizado y mi forma de tocar las pelotas ha cambiado porque he evolucionado", relata.

Hasta se saludó con Mirotic cuando el Barcelona ganó la Liga en 2023 en el Wizink Center y él estaba cubriéndolo a pie de pista. "Estuve con ellos y hablé con Navarro o Gasol, me abracé con Mirotic y se demuestra que los jugadores de baloncesto no son rencorosos y entienden que no lo hago con intención ni de discriminar ni de hundir a nadie ni de ofender, solamente soy un tocapelotas que a veces me puedo pasar y que pueden hacer gracia a unos y a otros no, pero no quiero hacer daño", finaliza.

Al final, él ha ayudado a fomentar la comunidad del baloncesto en redes, igual que espera que la historia de Enzo Brown sirva para ayudar en los colegios. Entonces sí que podría tuitear en serio algo así como "enhorabuena a Enzo Brown, que cambió de colegio para cambiar la historia de los recreos".

 

 

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Alfredo Pascual es redactor de Virales en El HuffPost en Madrid. Escribe sobre noticias de televisión, política, redes sociales, deporte, etc. Estudió periodismo en la Universidad Complutense de Madrid y un máster en Periodismo de investigación, datos y visualización en la UNIR. Antes de entrar en El HuffPost estuvo en la Cadena Ser y en el Heraldo de Aragón. Puedes contactar con él en alfredo.pascual@huffpost.es