En Alemania acuden a un experto para descubrir por qué los españoles estamos más tristes que los alemanes
"En España están pasando tantas cosas que la gente en todas partes es pesimista".

Muchos extranjeros piensas que la vida en España es igual que unas eternas vacaciones: sol, mar y celebraciones constantes. Sin embargo, los últimos datos del 'Informe Mundial de la Felicidad', publicado cada 20 de marzo, revelan una realidad muy diferente.
El estudio, realizado por el Centro de Investigación sobre el Bienestar de la Universidad de Oxford, concluye que España ha caído al puesto 38 en el ránking global, mientras que Alemania ha escalado hasta el 22 y Finlandia lidera la lista.
Para llegar a estos resutlados, los investigadores evalúan factores como la economía, la salud, la libertad, la generosidad y la confianza en la sociedad, todos ellos considerados esenciales para alcanzar la felicidad. En esta edición, también analizaron el impacto de la solidaridad y los valores compartidos en la percepción de este sentimiento.
Enrique Oliva Ramis, residente en Palma, explica a Mallorca Magazine la principal razón de la caída de nuestro país en la lista, señalando que "en España están pasando tantas cosas que la gente en todas partes es pesimista. El coste de la vida está aumentando, pero los salarios no".
En concreto, hace referencia a la crisis inmobiliaria que sufre Palma. "A mi edad lo habitual era comprar una casa o un piso", comenta el hombre de 35 años. Ahora, en cambio, lo ve impsoible. "Solo los extranjeros pueden permitirse vivir aquí. Los locales hace tiempo que no pueden", lamenta.
Por sup arte, Marc Llombart, de Barcelona, coincide en que la economía afecta la felicidad. "Claro que queremos seguir disfrutando de la vida, saliendo a comer juntos, apoyando a la familia y a los amigos. Eso es típico de los españoles", dice. Sin embargo, los bajos ingresos limitan esa posibilidad.
"Hace 20 o 30 años, había un mayor apoyo social. Si alguien necesitaba dinero, podía contar incluso con la ayuda de sus vecinos", recuerda. Ahora, la situación es diferente: "El aumento de la pobreza conduce a la inestabilidad social y a más violencia en las calles".
La confianza social también se ha deteriorado. "No podemos confiar en nuestros propios políticos. Ellos en realidad no están sirviendo al país", concluye Llombart, denunciando la corrupción y el egoísmo creciente.