Casi 10 meses y tres operaciones después, Vanellope puede conocer su casa, operada de su malformación y a la espera de que le construyan una caja torácica.
Creerse o no el dogma católico de la Inmaculada Concepción es una cuestión estrictamente personal. Ahora bien, que en pleno siglo XXI sea aún día festivo en el calendario civil de un país cuya Constitución declara que ninguna confesión tendrá carácter estatal es un despropósito.
De cualquier modo y, dada la escasez actual de milagros, pediría a mis colegas no fundamentalistas que borren del vocabulario la palabra milagro. Expresiones como "haría falta un milagro" o "sería un milagro" no son infrecuentes en boca de un médico al dar malas noticias y tal vez despierten sin quererlo la esperanza infundada que lleve a los creyentes a prolongar su agonía. Evitémoslo.
En este mundo tan cartesiano, tan pragmático, tan materialista, las teorías conspirativas son nuestra única ventana a otras realidades posibles, a ficciones de difícil comprobación; un poco de lírica en esta existencia tan prosaica. Nos evocan el mundo misterioso y fascinante de los milagros.