Yo espío, tú espías, él espía... ¿Cómo espiar y proteger tu móvil?
El espionaje a escala global de la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos desvelado por Edward Snowden sólo es la cúspide de una gigantesca pirámide en la que los estados se observan los unos a los otros y las grandes corporaciones practican el mismo ,deporte a escala industrial. Pero, gracias a la moderna tecnología, todos pueden jugar a ser espías: las empresas espían a sus empleados, las parejas se espían entre sí y hasta los padres espían a los hijos. Y tú, ¿espías o te espían?
El juego de los espías dejo de ser cosa de unos pocos especialistas al estilo agente 007 desde que la informática, Internet y los móviles entraron en nuestras vidas. Siempre conectados, con buena parte de nuestra vida que se desarrolla en las redes y todos nuestros datos personales almacenados en servidores repartidos por el mundo, se ha producido lo que se puede llamar democratización del espionaje. Es parte del precio a pagar por tantas cosas buenas que nos da la tecnología.
El GPS es un buen ejemplo de esa servidumbre. Bendita herramienta del mundo moderno, ya sea como un módulo separado, integrado en el navegador o en los móviles, el Sistema de Posicionamiento Global es el caso perfecto de doble uso de la tecnología.
Y si no que se lo digan a los agentes de la Guardia Civil espiados por la propia Guardia Civil. La Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) dictaminó recientemente que la Dirección General del Instituto Armado había infringido los derechos de los agentes al usar el GPS instalado en los coches oficiales para saber dónde se paraban y por cuánto tiempo lo hacían.
Aunque al ser una administración pública la Benemérita no podía ser multada por una falta tipificada como grave, la AEPD sí la obligó a informar a sus agentes de que estaban siendo monitorizados.
“Aunque se refiere al ámbito policial, esto es ampliable a cualquier otro supuesto laboral, donde a fin de cuentas se trata de entender que el dato de la localización de la flota son datos de carácter personal y por tanto sometidos al manto protector de la Ley Orgánica de Protección de Datos”, dice el abogado de ePrivacidad, Samuel Parra.
Los empresarios sí pueden espiar a sus trabajadores
La jurisprudencia del Tribunal Constitucional deja claro que el jefe puede controlar los medios tecnológicos o informáticos que ponga a disposición del empleado, ya sea un vehículo, un móvil de empresa o el correo electrónico, para fiscalizar su buen uso. Pero este seguimiento tiene que cumplir un triple criterio: proporcionalidad, idoneidad y necesidad. En el caso de la Guardia Civil parecía que los cumplía pero, como recuerda Parra, faltó el elemento clave, “informar previamente al trabajador de que la flota de vehículos de la empresa estará sometida a este tipo de control”. El mismo criterio es válido para el caso de los móviles de empresa.
Pero no sólo espían los empresarios. También lo hacen las parejas. Hace un mes se conoció el caso de un joven burgalés que había instalado una aplicación espía en el móvil de su pareja. Aquí, obviamente, no se trata de un móvil de empresa y se entra en otro terreno. Alrededor de la geolocalización que permiten los modernos teléfonos se ha creado un gran negocio. En muchas ocasiones, es 100% legal y también 100% legítimo. En muchas otras, no.
¿Quién objetaría algo contra las apps que permiten localizar el móvil que nos acaban de robar? Incluso las operadoras cuentan con servicios como Aquí Estoy de Movistar, que permite a los padres saber dónde están sus hijos en todo momento o si se alejan demasiado de unas zonas de seguridad configuradas por sus mayores.
Sin embargo, Parra recuerda que los chicos también tienen derecho a la privacidad. “Los padres no pueden espiar a sus hijos en el sentido, por ejemplo, de instalar una aplicación oculta en su terminal (facilitado por el padre) para escuchar sus conversaciones telefónicas o incluso para saber dónde se encuentra”, mantiene. Otra cosa es que, como en el caso de los guardias civiles, el hijo lo sepa y haya prestado su consentimiento.
El amante espía
Donde no hay duda de su falta de legitimidad, además de su carácter ilegal, es en el caso del espionaje a la pareja. Al bufete de Parra llegó en una ocasión una mujer “que se encontraba muy nerviosa” porque aseguraba que su jefe, que era a su vez su amante, le había puesto algún sistema espía en su teléfono para ver qué hablaba con su marido. “Sí, no es el típico caso del marido que espía a la mujer, sino del amante que la espía a ella”, comenta el abogado.
“A pesar de lo sencillo que puede ser pinchar el teléfono de nuestra pareja, lo cierto es que no se dan muchos casos de este tipo para lo que realmente podría ser”, dice Parra. Y es que, como bien dice, "no se necesitan amplios conocimientos de informática y seguridad para usar estas herramientas”.
Sin embargo, el experto en seguridad informática de Eleven Paths, Chema Alonso, asegura recibir centenares de correos del tipo ¿Me ayudas a espiar a mi novia? o Quiero espiar a mi marido. “Todo el mundo quiere espiar a la gente”, asegura.