Amandine, profesora de francés, pide un desayuno y se queda a cuadros con cómo pronunciamos mal algo 'típico' suyo: "Dios mío"
Amandine pensaba que su amiga estaba pidiendo un plato exótico típico de la zona, hasta que vio lo que el camarero traía a la mesa y se echó las manos a la cabeza.