En el regreso constante de referencias pop y de la obsesión colectiva por revivir la infancia hay una causa mucho más profunda: la frustración económica y vital de los millennials.
Este se resume en intentar conectar con al menos cinco personas diferentes cada semana, mantener tres relaciones cercanas y dedicar una hora diaria a personas de calidad.
El sencillo interrogante provoca cientos de comentarios en los que no falta la confirmación del pesimismo; la preferencia por la prudencia, y el humor.
La frase del pensador sardo sobre la indiferencia resume su pensamiento político: vivir implica tomar partido y asumir responsabilidad ante la historia.