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Juancho, de Sidecars, pide en pleno concierto que quien "hable a gritos" se vaya "a la puta calle", pero esta situación es cada vez más frecuente

Juancho, de Sidecars, pide en pleno concierto que quien "hable a gritos" se vaya "a la puta calle", pero esta situación es cada vez más frecuente

El vocalista del grupo se encontraba en un concierto y tuvo que llamar la atención a los asistentes.

Juancho Conejo, vocalista de Sidecars, en un concierto.
Juancho Conejo, vocalista de Sidecars, en un concierto.JUAN NAHARRO

Acudir a un concierto y que una pareja, un grupo de amigos o una persona concreta se pasen la hora o las hasta dos horas que dure el recital hablando, haciendo un resumen de su semana o haciendo una especie de mansplaining sobre industria musical es una escena que se repite cada vez más. 

Y esto ya no es una situación que se reduzca a festivales, donde el cartel diverso puede hacer que el público asista a ver a grupos o artistas que no esperaban, sino que se ha trasladado a los estadios y, lo más sangrante, a las salas de conciertos que se configuraban como sitio de disfrute y descubrimiento de nuevos nombres.

El pasado fin de semana, durante un concierto de Sidecars, su cantante, Juancho Conejo, tuvo que detener la actuación para hacer un llamamiento al público que hablaba sin parar durante le concierto.

"Está muy bien que cante quien quiera cantar, que escuche quien quiera escuchar, sin embargo, quien quiera hablar a gritos, que se salga a la puta calle", su mensaje, que ellos mismos han compartido en TikTok, ha corrido como la pólvora en redes sociales, donde muchos usuarios han denunciado la situación desagradable que se vive en muchos directos.

Pero el caso de Sidecars no es el único, también han puesto sobre la mesa este comportamiento del público otros artistas como Blur en el Coachella de 2024 o La La Love You en los Premios MIN, donde llegaron a modificar una letra de su canción El fin del mundo en tono irónico con un "Y yo cantando, cantando, cantando / Y tú hablando, haciéndote oír / Me voy rayando mientras cascas / Al menos vete hacia la barra".

Una situación transversal, de festivales a salas en la que el artista pide un mínimo de "respeto"

Ginebras han sido otras de las que han denunciado esta situación en más de una ocasión en sus redes sociales, donde recogieron un caso de una persona que estaba tapándose los oídos y sentada durante su concierto en un festival. 

"La crítica iba, ya no solamente por el respeto al artista o no, sino a la gente que quería vernos a nosotras y que no podía bailar y no podía saltar porque pisaba a los que estaban sentados. Iba más por ahí, pero sí un poco de respeto", apuntó en una entrevista con El HuffPost, Sandra, guitarrista del grupo.

Pero ellas, que aseguran conectar especialmente mirando al público, también lo han sufrido al ir a ver a otros amigos y compañeros. "Me da mucho coraje que tú estés pagando una entrada y luego te pongas a hablar. O sea, es como que te has gastado dinero y te pones a hablar con tus colegas y no dejas un momento de intimidad al artista. Creo que también es de darle una vuelta a por qué pasa esto. Por qué el ser humano no se calla, básicamente", comentó entonces Juls, la batería del grupo, quien aseguró tener que haber "mandado a callar" a varios asistentes a un concierto.

Por su parte, Raquel, bajista del conjunto, recuerda que no hace falta estar como "si estuvieras en el Auditorio Nacional viendo música clásica", pero sí que hay que tener un poco de empatía y respeto con el artista. "Si te pones un poco en la piel de la persona que está encima del escenario, que igual está contando una cosa muy íntima, muy personal, muy no sé qué, pues también un poco de respeto. Creo que todo se traduce en sentido común y ya está", reivindicó.

Otros artistas como Quique González e incluso Laura Pausini han interpelado directamente al público para reclamarles atención o directamente respeto en sus conciertos. La última de la italiana ha sido poner de manifiesto la situación de las primeras filas reservadas a VIP o invitados que, según ella, "no se sabían las canciones".

El FOMO y el "tener que estar ahí"

El componente de Guille Galván denunció la situación en X con un contundente: "Nunca ha habido tanta gente comprando entradas para conciertos. Nunca ha habido tanta gente a la que le importe menos la música de los conciertos". 

La situación en las salas, festivales y recintos contrasta con la notable salud de la música en directo, que ha dejado según el Anuario de la Música en Vivo 2026 de la APM, 807,2 millones de euros en venta de entradas, un 11,2% más que el año anterior.

En un reportaje publicado en El HuffPost, el periodista Nacho Criado, recordaba que esto tiene mucho que ver con el "tener que estar" en los eventos, independientemente de la atención que se le preste. "Somos más egoístas y hemos perdido capacidad, seguramente, de concentración y atención", señaló entonces.

Para el colaborador de blogs y revistas musicales Pablo Ruiz, también se da dentro de personas de la industria. "Se venden determinados conciertos como el lugar en el que vas a ver a fulanito, menganito, de determinada industria, sector o grupo. Una especie de networking, no necesariamente musical, pero sí de otros trabajos creativos en el que tienes que hablar y relacionarte, la música está de fondo", añade.

Los periodistas musicales apuntan a que el cúmulo de factores en el cambio del ocio pasan también por la generalización de los festivales y la "festivilización de los conciertos" que se ha extendido a todo tipo de recintos.

"Entienden que es un ocio que está ahí, pero no es como ir al cine o al teatro, que a nadie se le ocurre ponerse a hablar en mitad de una película o una obra. Pero como está al aire libre y tal, se entiende que no", señaló entonces el periodista musical de El País, Fernando Navarro.

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El problema no está solo en conseguir una entrada en una cola virtual eterna asumiendo que el precio de las entradas ha aumentado un 22% desde 2022, según el último informe del Observatorio de Música en Vivo en España, sino que cuando por fin llega ese ansiado evento, una parte del público ni canta ni escucha ni baila, sino que un "murmullo" constante "hace los coros" del artista.

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Redactora de Life en El HuffPost. Graduada en Periodismo por la Universidad de Málaga (UMA) y Máster en Periodismo Cultural por la Universidad CEU San Pablo, ha colaborado con diversas webs culturales y ha trabajado como coordinadora de proyecto en la VII Bienal de Arte Contemporáneo de Fundación ONCE. Desde 2017, en la sección de Life (antes Tendencias) de El HuffPost escribe sobre música, cultura y entretenimiento, pero también sobre feminismo y sobre el colectivo LGTBIQ+.

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